Me monto en un taxi, son casi las 10 y voy camino de Chamartin, a pasar la noche en un coche-cama -le comento al taxista que me ha recogido- lo único malo es que no quepo bien en la cama. Debe ser que antes la gente no era tan grande, que el arquitecto que ideó el tren no pensó en nosotros.
Pues te encoges, chaval -me dice con voz seca y taxativa, de esa que apenas permite postilla ni seguir con la conversación-. (Me acabo de cruzar con un dialogador nato, y un sabio consejero, pues no pensará el subnormal que me voy a quedar toda la noche de pie en el tren ¿no?).
En fin, que me detengo en las pintas que llevo y me pregunto qué cojones pensarán de mi los que me vean, incluido el taxista que me acaba de recoger: el pelo con raya éste que me he dejado, que si el traje, los zapatos impolutos, la corbata invernal de cuadros escoceses que calzo y el maletín de viaje.. Y eso que nadie sabe que el traje que llevo (aunque heredado) es del mismo sastre que le toma las medidas a Zapatero, jwjw... En fin, que sonrio mientras observo las luces navideñas que llevan instaladas desde principios de noviembre...
Y es que dice la camarera del bar de abajo de mi curro que ya me tiene calaó, que sabe que pese a mis pintas y mi cara de angel yo no soy de "este barrio", sino que yo soy del suyo y cree que tengo alma de demonio.
Y si el taxista anda pensando en quien cojones será este chaval a quien acaba de recoger, y a donde irá, vestido de esa guisa con su maletín, a mi me toca pensar en el taxista. Es enorme el cabrón, lleva las piernas completamente encogidas sobre el asiento y las espaldas sobresalen por los laterales. Además lleva la cabeza afeitada y la mirada profunda y sus marcadas ojeras me hacen pensar que ha vivido cosas chungas. Ha sido segurata -pienso- pero no de esos que cuidan del silencio en el Museo del Prado, sino que tiene pinta de ser uno de esos guardaespaldas chungos, que ha vivido cosas muy chungas, de proteger a gente chunga de otra gente aún más chunga. Seguro que le han disparado y tiene restos de metal en el cuerpo. Tiene pinta de haber estado en la guerra de Bosnia o de haber sido entrenado en Israel, por lo menos. Quizá fuera del GAL, le noto un aire a madero chungo, se parece a Amedo ¿no?... Que pena que sea tan seco y no le de por contarme métodos de tortura o algun secreto de Estado..
¡Buen viaje, chaval!
Y luego llego al tren. Toma ya. Prepárate para pasarte las próximas 10 horas ahi dentro. Y en estos casos lo más conveniente también es ponerse a imaginar y contemplar a través del ventanal de la cabina, y me figuro como protagonista de una de esas pelis de antes, de estaciones de ferrocarril inmersas en la niebla, apurando el cigarro en espera de la amada que nunca llega a tiempo. Uy no, mejor no imaginar cosas tristes, mejor me pongo de dandy, caballero-conquistador de antaño, a pensar en una noche de romance con esa bella y solitaria viajera que cena sola en la mesa del vagón-restaurante...
En fin, que uno se entretiene con lo que puede.